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jueves, 28 de febrero de 2013

REBELDE Y ESCÓNDEME

Rebelde

Caronte: yo seré un escándalo en tu barca.
Mientras las otras sombras recen, giman o lloren,
y bajo tus miradas de siniestro patriarca
las tímidas y tristes, en bajo acento, oren,

Yo iré como una alondra cantando por el río
y llevaré a tu barca mi perfume salvaje,
e irradiaré en las ondas del arroyo sombrío
como una azul linterna que alumbrara en el viaje.

Por más que tú no quieras, por más guiños siniestros
que me hagan tus dos ojos, en el terror maestros,
Caronte, yo en tu barca seré como un escándalo.

Y extenuada de sombra, de valor y de frío,
cuando quieras dejarme a la orilla del río
me bajarán tus brazos cual conquista de vándalo.
Juana de Ibarborou




Escóndeme

Escóndeme que el mundo no me adivine.
Escóndeme como el tronco su resina, y
que yo te perfume en la sombra, como
la gota de goma, y que te suavice con
ella, y los demás no sepan de dónde
viene tu dulzura...

Soy fea sin ti, como las cosas desarraigadas
de su sitio; como las raíces abandonadas
sobre el suelo.

¿Por qué no soy pequeña como la almendra
en el hueso cerrado?

¡Bébeme! ¡Hazme una gota de tu sangre, y
subiré a tu mejilla, y estaré en ella
como la pinta vivísima en la hoja de la
vid. Vuélveme tu suspiro, y subiré
y bajaré de tu pecho, me enredaré
en tu corazón, saldré al aire para volver
a entrar. Y estaré en este juego
toda la vida.

Gabriela Mistral

martes, 8 de enero de 2013

EL CAMINANTE SOBRE EL MAR DE NUBES

La obra, no se diferencia de otras obras de Friedrich; parecía sentirse bastante atraído con la idea de ver y experimentar la naturaleza en lugares aislados y maravillosos: al borde del mar o de lagos, en la cima de las montañas, o en lo alto de una cascada.

La seducción que sentía por la idea de que la expresión personal debía ligarse a un aislamiento físico y espiritual se hizo más aparente, de magnitudes increíbles, y aun así, todavía sublime.

El interés de Friedrich por la naturaleza queda claramente evidenciado en otras de sus obras. Ejemplo de ello es Acantilados blancos en Rügen, pintado en 1818, que retrata a un hombre en pie y una mujer sentada, mirando el panorama, mientras que otro hombre, arrodillado, mira por encima del borde de un vasto y alto acantilado que lleva al océano infinito. Ambos cuadros fueron ejecutados durante el año de su viaje de bodas a Rügen. Los cuadros de esta época evocan la contemplación y la interrogación.

El hecho de que el viajero se encuentre de espaldas y no pueda vérsele la cara, ha sido objeto de análisis e interpretaciones. De esta forma el autor impide que la fisonomía del personaje anónimo distraiga la atención del paisaje. 

Al mismo tiempo, el no tener rostro transmite mejor la idea de la disolución del individuo en el «todo» cósmico.

Las figuras no representan individuos concretos. Y la naturaleza serviría de proyección a los sentimientos del espectador.

El hecho de que el viajero se encuentre en el centro de la pintura, además, indica que está en posición de dominación. Sin embargo, el llevar un bastón, quizá para facilitarle la ascensión, apunta a cierta debilidad.

El viajero se encuentra solo. Todo indica que no hay otra presencia humana. Se percibe en el individuo aislamiento y soledad.

Simbolizaría, en fin, al ser humano que concibe su vida terrena (la montaña a la que corresponde la masa rocosa en primer plano) como un preludio a la vida eterna (el mar de nubes).

La postura indicaría que domina la vida de este mundo y mira al más allá con admiración esperando que le llegue una vida eterna.

Las rocas entre la montaña en la que está el viajero y el fondo simbolizarían la fe del ser humano. Las montañas del fondo representan la vida eterna futura en el Paraíso.

El mar de nubes en sí se ha entendido también como alusión a la divinidad, estando el ser humano entre la naturaleza (la montaña del primer plano) y Dios (el mar de nubes).

Otras interpretaciones aluden a que el mar de nubes representaría la inmensidad del universo frente a la pequeñez del ser humano. El ser humano no es nada ante la naturaleza, se evoca la pequeñez del ser humano frente a la naturaleza. 

La naturaleza se regenera, pero el ser humano es mortal. Se pretende transmitir el sentimiento de lo sublime, la impresión de magnificencia y sobrecogimiento que produce la naturaleza en toda su grandeza. 

El varón de espaldas parece recordar, sumido en su contemplación, a algún difunto o su propia mortalidad.

Finalmente, cabe apuntar que también se ha hecho una interpretación política y nacionalista de esa obra. En efecto, durante las guerras napoleónicas se logró cierta unificación de los estados alemanes, perdida después del Congreso de Viena Friedrich expresaría la espera de una Alemania libre y mejor. En este sentido, el caminante no sería Friedrich, sino un caído en las guerras de liberación. Por ser un símbolo político, viste la típica levita alemana, prohibida en 1818.

lunes, 5 de noviembre de 2012

DORMIR

En casa de un extraño.





sábado, 27 de octubre de 2012

EL DESTINO



























Siempre ha estado aquí. 2005
Cuando Rilke regrese...


LG



domingo, 21 de octubre de 2012

LA VIDA NO VALE NADA























Erre. Cruce de caminos.

PRETÉRITO PERFECTO SIMPLE

Hubo canciones, improvisados bailes,
abrazos de alcohol aromático,
hubo primeros parques, besos.

Hubo escaleras, infinitas,
moral distraída,
una habitación,
puerta cerrada, puerta abierta
el sonido de las llaves al caer sobre una mesa.

Hubo mezclilla, zapatos perdidos,
hubo en el suelo lana y encaje
sábanas blancas y delgadas colchas que raspan,
hubo frío y su extinción,
dos mundos cargados de recuerdos queriendo olvidar cuerpos.

Hubo mañanas y balcones,
hubo minutos volando en el techo,
un cuadro de sombras mal pintadas,
hubo aves en las bocas,
peces en el sexo.

Hubo recuerdos de algo que no conocemos,
curvas en el rostro,
sus ojos de mar,
mi piel nube,
dos camas usadas,
pecas, remembranzas.

Hubo palabras saliendo de los dedos,
polos opuestos,
dos extraños perfectos, con un pasado en tormentas,
un domingo lento.

LG