viernes, 6 de marzo de 2009

NO ME DUELES

Seis de marzo del dos mil nueve.

No me dueles tú.
Me duelen tus pasos que se van alejando en los minutos, porque sé bien que te me partes, te me partes todos los días, y cuando me miras y cuando me tocas te me vas partiendo.
No me dueles…
Me duele mi voz que cantará sola, me duele la música... la ausencia de nuestras palabras que ya no harán música. Me duelen las notas perdidas, esas que ya no encontraremos ni mañana, ni pasado mañana, mañana, olvidaré. No.
No te olvidaré, y eso me duele, me molesta, me invade, porque sé que te irás, y sé que no quiero verte regresar.

No regreses nunca.

No quieres que te olvide, yo muero por olvidarte, borrarme de la mente tu recuerdo, removerme de la boca tu aroma de siglos, arrancarme del cuerpo tu cuerpo y los caminos que trazaste con tus manos, esos surcos que cavaste en mi memoria (esa memoria) quiero olvidarlos, porque duelen, arden, queman, se van extendiendo, crecen, se vuelven largos.

No regreses.
Nunca. Nunca.

Me duele tu sádica sonrisa incrustada en la mía y la humedad de tus ojos que se lleva tan bien con la mía, me duelen mis manos que ya no jugarán en tu cuello, y dolerán mis piernas del terrible dolor de no estar abiertas…
Las bancas que se quiebran, los faroles que se caerán, los cigarros que ya no fumaremos, los abrazos que ya no nos daremos, los besos. Los besos.

Los besos.

Y me dolerán los días, las noches y el mar. Los pianos, la arena, el humo, las palmeras, y las uñas, y los caminos…que trazabas en mi cuerpo.
Me va a doler la sangre que saldrá de mi vagina, porque no tendré nada a que aferrarme, a que aferrarnos, me duele mi cobardía y mis ganas abortadas.

Y sé que te irás, y se que no quiero verte regresar.
Te prohíbo que vuelvas aquí, a mí, no vuelvas. Nunca.
Me duele que los dos sepamos que esto acabará, que ya jamás volveremos a estar como estos días juntos en esta ciudad tranquila, que duerme mientras nosotros nos entregamos, que miente cuando nosotros con verdad nos desnudamos.

“Y sé muy bien que no estarás, no estarás en la calle…”

No me dueles tu, ¿no lo entiendes?. Me duele la vanidad que paseabas tomándome de la mano en lugares públicos, me dolerá el recuerdo de tu vanidad. Y el recuerdo del sentimiento que nunca te confesé, y el recuerdo del amor que no te demostré.

Perdón no es arrepentirse, perdón es desvestirse.

Me dolerán ahora los juegos que ya no jugaremos, y los niños que no haremos. La relativa felicidad que ahora se irá a vivir en carreteras, en corazones ajenos.

Y me dejarás con este dolor, con mis paranoias, mis inseguridades, mis ridiculeces, me dejarás. Vete. Y no vuelvas nunca. Te prohíbo regresar.
Los besos… ¡Ay esos besos, me dolerán!

Pero tu no, tú nunca ...

LG







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