jueves, 2 de septiembre de 2010

LAS MUJERES COMO YO

Por mujeres como tú, amor


hay hombres como yo, lo sé


que se pueden perder


en el alcohol


por una decepción.


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Entro con letra de la canción de Pepe Aguilar, porque hoy me ha caído en los ojos algo de verdad.

Me salpicó la sorpresa de saberme diferente, y es que, aunque siempre lo había sentido, eso de "ser diferente", hoy lo acepto, soy parte de esa multitud de mujeres que somos diferentes, que anhelamos otros sueños, que luchamos incansablemente por alcanzar otras metas...
metas tan diferentes a las que comúnmente las demás mujeres sueñan.

Y me viene como consecuencia una serie de verdades innegables...

Las mujeres como yo ven pasar las oportunidades de establecerse en un buen trabajo.
Nos lo ofrecen con buena paga, buenas prestaciones, estabilidad, en fin, todo lo que una mujer desearía encontrar al terminar la carrera y no está por demás decir que realmente nos lo merecemos, somos inteligentes, capaces de sobresalir en cualquier trabajo, pero así es, lo tomamos pónganle que un tiempo y al cabo de unos pocos meses lo dejamos ir, sólo por el hecho de que no queremos "estancarnos" y/o sentirnos obligadas a permanecer en un sólo lugar por el resto de nuestras vidas, le tenemos miedo a "amarrarnos" a un sólo lugar. Como consecuencia vienen los señalamientos de terceras personas "eres una tonta", "ya quisieran muchos tener ese trabajo", "piensa bien las cosas antes de dejarlo de buenas a primeras". Y así es, de buenas a primeras damos otro salto para caer quién sabe dónde y le dejamos el camino libre a las mujeres que no son iguales a nosotras.... porque...

Las mujeres como yo no se estabilizan, buscan siempre la manera de sorprenderse, de aprender algo nuevo, de conocer gente diferente a cada lugar que vamos, pero no echamos raíces nunca, los amigos vienen y van, las habilidades crecen y si no se usan se oxidan, y los lugares seguirán siendo los mismos lugares una vez que nos vayamos de ahí, no cambiaremos nada, todo seguirá igual como si nunca hubiéramos estado ahí.

Las mujeres como yo, dejan pasar hombres buenos, de esos que son "buenos partidos", porque no podemos sentirnos "atadas", no nos atrevemos a decir un "para siempre, amén", como la mayoría de las otras mujeres, y hay hombres, aunque lo nieguen, que son igual a ellas, que crecen, maduran y aceptan con amor lo que viene en la vida, la costumbre, pero no las mujeres como yo...

Las mujeres como yo se siguen vistiendo como si tuviéramos 20 años, y eso no quiere decir que somos unas inmaduras, simplemente la moda "doñesca" no va con nosotras, somos jóvenes del corazón, seguiremos teniendo ideas frescas, y la verdad es que unos jeans y tenis serán siempre mucho más cómodos que una falda de vestir y tacones.

Las mujeres como yo tenemos que lidiar con problemas de confianza en nuestros noviazgos, y no es que seamos unas "zorras" , lo que pasa es que tenemos un concepto muy diferente de lo que es la libertad, y duele cuándo le tienes que explicar a tu novio por millonésima vez que la frase "voy a salir y a tomar con mis amigas" realmente significa eso. Apreciamos la libertad humana y la valoramos en su máxima expresión.

Las mujeres como yo reman contra el mundo, contra la familia, contra las ideas retrógradas de la sociedad y tenemos sueños utópicos, de esos en los que se piensa que algún día nuestros ojos verán la manera en que las leyes cambian favoreciendo la igualdad, la equidad, el respeto, la comprensión y la tolerancia entre las personas. Y la gente nos llama "locas".

Las mujeres como yo ven cómo se van casando nuestras mejores amigas, la hermana, la sobrina y en algunos casos hasta nuestras madres divorciadas, nos toca ir a cachar el ramo por la insistente carrilla de nuestros allegados, al cabo de 1 o 2 años, nos toca ver el nacimiento de nuestros sobrinos, los vamos viendo crecer, y entran al kínder, y luego a la primaria, y así pasa... nosotras seguiremos siendo siempre la "tía fulanita", sin adornos masculinos o gritos de bebés en nuestros brazos.

Las mujeres como yo lloran cuando perdemos algo valioso, y lloramos también cuando lo tenemos por mucho tiempo en nuestras manos.

Las mujeres como yo ven pasar la vida de otros, pero la nuestra la cuidamos hasta el grado de documentarla en blogs, libretas, cartas, videos, fotos, diarios, en fin, algo que nos recuerde todo lo que vivimos y pensamos, nos encanta revivir los momentos cúspide de nuestras vidas, nos encanta repasar nuestras ideas más lúcidas, y tener por escrito nuestras metas cumplidas, las que estamos cumpliendo y las nuevas que queramos cumplir.

Nosotras corremos, trotamos, nos detenemos un instante en el camino, seguimos corriendo, nos tomamos un espacio para bailar, retrocedemos un poco, luego corremos más rápido y luego más lento, disfrutamos cada instante con una libertad absoluta, es nuestro ritmo.

Porque a las mujeres como yo, no nos gusta llevar el ritmo ajeno, ese que no va con nosotras, que no encaja en nuestros pies, que no sentimos en el cuerpo...

Pero como les digo, todo tiene sus consecuencias, aquella flor que no está plantada en un jardín, no tiene la oportunidad de renacer, sino que una vez arrancada le toca vivir en jarrones, luego le van quitando los pétalos y se van volando, se quedan regados en diferentes partes esperando que el poco aroma que despiden le quede en el recuerdo a alguien. 
La verdad es que las flores volátiles se secan y se convierten en cenizas más pronto que las que viven en un jardín bien plantadas.

Au revoir.
LG.





2 comentarios:

Micro dijo...

Lluvia, a mí se me hace que estás a punto de echar raíces...

Por otro lado, me pones a pensar en un post sobre los hombres como yo ja!

Magdalena dijo...

probablemente de ahí mi inspiración.